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Amenazas y oportunidades de la Ley de Transparencia para la prensa

Amenazas y oportunidades de la Ley de Transparencia para la prensa

Anuario Canarias

DANIEL CERDÁN*

España era hasta hace apenas dos años el único país de la UE con más de dos millones de habitantes que carecía de una ley de transparencia . Estas normas regulan en la mayoría de los países dos grandes cuestiones que tienen mucho que ver con la comunicación pública,  hasta hace poco casi monopolizada por los medios de comunicación:

  • Por una parte, las leyes de transparencia amplían coactivamente (no por simple voluntarismo) las obligaciones informativas en abierto de todos los órganos del sector publico, sus entidades dependientes y de todo el que recibe significativamente dinero publico. Les obligan a difundir muchos más datos que los que hasta ahora ofrecían en las webs y notas o ruedas de prensa.
  • Y, por otra,  extienden muchísimo las obligaciones de ofrecer respuestas detalladas y concretas a las demandas informativas privadas de los ciudadanos, sin necesidad de motivar un interés particular en cada caso. Es decir, convierten a todos los ciudadados en potenciales periodistas que preguntan a cualquier administración, tanto a la que tengan a la vuelta de la esquina como a la que esté a miles de kilómetros. Y lo pueden hacer 24 horas al día, 365 días al año, a golpe de clic, por las enormes posibilidades que abren las nuevas tecnologías, que ahora permiten una conexión permanente.

Ambas cuestiones, junto a los llamados “nuevos medios” digitales e interactivos, modifican radicalmente el escenario comunicativo  de los dos últimos siglos, en los que los medios de comunicación se constituyeron en los mediadores casi únicos entre las fuentes de información pública y los ciudadanos.

Internet y las TICs han venido a romper todas las intermediaciones o mediaciones humanas posibles entre humanos, al ponerlas automáticamente en manos de piezas de hardware y software. Y las leyes de transparencia, en esa misma línea y en base a las nuevas tecnologías,  abren canales de comunicación nuevos, directos, entre los poderes y la ciudadanía. Sin las TICs, el alcance de las leyes de transparencia sería mucho menor y son, por lo tanto, una nueva derivada de la sociedad de la información en la que estamos embarcados desde hace décadas.

En su origen, las leyes de transparencia estuvieron vinculadas a la libertad de información y las facilidades a la prensa

Desde ese único punto de vista, estas nuevas normas son aparentemente un “estorbo” para los periodistas y para los medios, porque hace prescindible buena parte de su labor: el ciudadano podrá informarse directamente -a coste cero, a la carta y cuando el quiera –  a través de los portales de transparencia, convertidos de alguna manera también en “nuevos medios”.  Y el ciudadano ya puede actuar directamente, como si fuera un periodista,  en una rueda de prensa virtual e ininterrumpida, en cualquier momento y lugar, vía web. No siempre se informará tan rápido, a no ser que le respondan a través de una red social o vía formulario de atención al cliente. Aunque ahora necesita un certificado electrónico  en muchos casos [que ya muchos tienen para la declaración la renta-IRPF], en el futuro aún se le allanará más el camino.

Y todo esto ha ocurrido en los últimos años en España, sin que los medios de comunicación, sus patronales, las organizaciones profesionales o los mismos periodistas se hayan preocupado mínimamente  de las leyes de transparencia y de sus implicaciones, con una ceguera auténtica  sobre estos cambios. Ceguera que espero sea reversible en el futuro.

Y no porque los nuevos sistemas de transparencia sólo sean un estorbo, como decía, o una amenaza para los periodistas, sino porque también representan una oportunidad inmensa para que los periodistas busquen más rápido y encuentran mejor, sin tener que pasar en muchos casos por los filtros de los gabinetes de prensa o directores de comunicación. ¿Por qué lo digo? Porque, si bien las TICs nos aportan muchas y nuevas ventajas a todos los ciudadanos, también nos inundan y desbordan con un tremendo exceso de información, publicidad, ruido, distracción, espectáculo… capaces de encubrir o de ocultar las auténticas joyas informativas que interesan a todos, aquellas que desde siempre han sido objeto muy preciado para los periodistas exploradores.

Porque los portales de transparencia y los nuevos derechos de acceso a la información servirán para poco a la hora de recomponer la confianza social tan deteriorada en estos tiempos si no son usados realmente por la ciudadanía. Por esos ciudadanos que dicen querer más transparencia pero que no gastan su tiempo ni su interés en ejercitar realmente sus demandas informativas.

Y ante el avasallamiento de los datos y las informaciones, el papel del periodista vuelve a reivindicarse como el que filtra y separa lo interesante de lo trivial o prescindible. Y, para pescar en los nuevos e inmensos océanos de datos de las webs públicas y de la administración electrónica, el periodista ha de armarse con nuevas herramientas para buscar, encontrar, seleccionar y visualizarlos mejor que los ciudadanos. De forma que puedan otorgar a esos nuevos datos un contexto y una explicación que, hoy por hoy, los portales y las respuestas administrativas no ofrecen. Las nuevas leyes prometen y ofrecen transparencia para que lo público tenga mayor visibilidad a través de los medios electrónicos, con contenidos globales o a la carta, personalizados a medida de la demanda de cada ciudadano. Y gratis.

La transparencia de los datos es apenas el estadio más básico de un objetivo superior, la rendición de cuentas: un ejercicio que implica una auténtica explicación de porqué los datos son así y no de otra manera. Los poderes públicos se comprometen progresivamente con la transparencia, pero aún siguen siendo muy renuentes con la rendición de cuentas.

Es bueno conocer los fríos datos de las cosas que pasan; pero aún es mejor saber por qué pasa lo que pasa. Y en esa humana aspiración, el papel de los periodistas fue, es y seguirá siendo fundamental. Para lograrlo en los nuevos escenarios han de dar un paso más allá de su tradicionales fuentes y han de trabajar con los datos primarios, que son cada vez más abiertos. Y hacerlo implica un imprescindible reciclaje: el conocimiento de las nuevas técnicas de periodismo de datos, hasta ahora muy escaso para la inmensa mayoría de periodistas . Con esas nuevas capacidades, las webs públicas y los portales de transparencia y de datos abiertos se convierten en aliados de los periodistas y los ciudadanos y en enemigos de la opacidad , el secreto y el desconocimiento. Hay profesionales, sobre todo en los medios digitales, que están avanzando en nuevas formas de visualizar los mares de datos. Ellos son , en este momento, los grandes usuarios de los portales de transparencia; porque han sabido convertir lo que tenía de amenaza “desintermediadora” para los medios en una oportunidad que les diferencia del viejo periodismo del siglo XX.

Esa moda todavía no ha llegado a Canarias, pero lo hará . Y los que sean avanzadilla consolidarán más su futuro y estarán en condiciones de aportar información relevante de fuentes primarias. Como nunca hasta ahora.

Si las redes y los medios sociales, la internet 2.0, vinieron ocupar un amplio espacio de la comunicación en detrimento de los viejos medios, la nueva oleada de portales de transparencia -miles y miles en los próximos meses – aportarán un nuevo relato diferente al de los políticos y sus gabinetes de prensa. Esa nueva versión de lo que ocurre será construida por funcionarios de carrera, expurgando sus discos duros de acuerdo con sus nuevas obligaciones de información. Y ahí deberán estar los periodistas para darles textura y contexto informativos. Para dar sentido a la infinidad de datos, para convertirlos en información y en conocimiento con las nuevas herramientas que este siglo pone a nuestro alcance.

*Periodista. Comisionado de Transparencia de Canarias

FUENTE: ANUARIO DE CANARIAS